Alas al viento

Un día, un pequeño gusano conoció a una bella mariposa. El gusano poco tenía que ofrecer a la mariposa, pero esta posó sus ojos en él y le sonrió. Él sintió aquella sonrisa como su salvación. Pidió a la mariposa poder acompañarla y estar junto a ella; una oferta muy pobre, de un ser muy pobre. La mariposa sonrió y danzó; aceptó al gusano. Con sus alas de colores llenaba de luz la vida del pequeño. Y cuando ella danzaba en el viento, él danzaba en la tierra al mismo compás. A veces ella se elevaba fuera del alcance del gusano. A veces bajaba al suelo para estar con él. Cuando ella avanzaba, flotando sobre la brisa, él apresuraba el paso para mantenerse a su lado. En alguna ocasión, ella le permitió acompañarla al vuelo. Nunca un pequeño gusano fue tan feliz. Sentir la cálida y suave brisa, separarse del suelo y entregarse por completo. Aquel era un pequeño gusano muy feliz.

          Todos los demás seres cuestionaban esta unión. “¿Cómo puede un gusano estar a la par con una mariposa? Sus naturalezas son muy distintas. Eso no puede ser.” – “Perdonen, por un momento, la imperfección de lo nuestro.” – suplicó el pequeño gusano – “Permítanme entregarme, a plenitud, a este sueño fantástico. Permítanme volar en alas prestadas y surcar la brisa. Permitan que me entregue a este sueño, pues no sé cuánto más durará antes de que deba abrir los ojos.” Tarde o temprano, todos deben despertar de sus sueños.

           Pasaron los soles y pasaron las lunas. Pasaron juntos las estaciones. El pequeño gusano vivía feliz. Pero, la naturaleza tiene sus formas y caminos; caminos distintos para cada ser. Los seres de naturaleza distinta, tarde o temprano, están destinados a alejarse uno de otro. Los gusanos están, por siempre, atados a la tierra. Las mariposas deben volar libres por el cielo para no marchitar sus alas. La mariposa extrañaba la libertad del cielo. El gusano no quería que se marchara.

“Permite que te acompañe.”
”Esta vez, no puedes seguirme el paso.”
”Dime hacia donde irás y yo te seguiré. Yo te alcanzaré.”
”Ni siquiera yo misma sé a dónde me llevará el viento.”
”¿Será este el fin?”
”Ni siquiera el cielo es infinito.”

          Una soleada mañana de verano, la mariposa emprendió el vuelo, dejando al pequeño gusano detrás. Este la vio elevarse, sumergiéndose en el azul infinito. Un resplandor lo cegó y, allí, ella desapareció. El gusano se escondió para lamentarse. Maldijo su suerte. Maldijo a la naturaleza. Maldijo su naturaleza. “Si, tan solo…” se convirtió en su oración. Enrollado en sí mismo, lamento haber despertado de su sueño. Con todas sus fuerzas, se esforzaba por caer dormido y, en aquel mundo de sombras, encontrar las alas que había perdido.

          El pequeño gusano regresó a su mundo. Un mundo lleno de hojas caídas, pastos elevados y suelos húmedos y fríos. La vida no se detiene por nada ni nadie. Pero antes de dejarse envolver por la gris capa de la realidad, escribió un mensaje con su cuerpo, en el mismo lugar donde conoció a la mariposa:

“Hay tantas cosas que me gustaría poder decirte. Tantas cosas que no alcancé a decir. Tantas que olvidé. Tantas que callé. Muchas son tonterías y, otras tantas, solo te habrían hecho más pesado el vuelo. Lamento no haber estado al nivel de tus alas. Maldigo mi naturaleza por no darme los medios para llevar tu paso. Hay tanto que quisiera decirte. Tanto que, ni este suelo ni este cuerpo me alcanzarían para escribirte. Te has marchado, porque está en tu naturaleza; porque es lo que debías hacer. Yo también haré lo que debo hacer. Me alimentaré de las hojas que caen al suelo. Me ocultaré debajo de alguna planta cuando llueva. Tomaré el sol sobre alguna roca cuando el frío se haga insoportable. Me mantendré a salvo de todos los peligros que acompañan a los míos. Y me esforzaré. Me esforzaré y rebasaré mis límites. Superaré mi naturaleza. Un día, creceré mi propio par de alas. Un día abriré las alas al viento y me elevaré. Un día surcaré el viento y navegaré el cielo. Ese día, te buscaré. Y cuando por fin te encuentre, te invitaré a danzar de nuevo conmigo, al compas de la suave brisa. Anhelo ese día. El día en que volveré a ser tuyo.”

2 comentarios:

RehabDog dijo...

Muy hermoso, esté me gusto mucho

Omar dijo...

¡Muchísimas gracias! La dedicatoria disimuladamente abierta a la mariposa que emprendió el vuelo hacía un cielo más azul es lo que le hace hermoso. Yo solo he sido un medio para las letras.

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