Para ambientar un poco este post, el señor Enrique Bunbury:
“Los restos del naufragio quedaron esparcidos…
o desaparecidos…
o rotos…”
Lo último que recuerdo después del naufragio es su imagen desapareciendo en el horizonte, sobre aquel bote salvavidas, abrazada de ese tipo sombrío, envuelta en esa bruma helada. Recuerdo el mar de lágrimas, completamente embravecido. Recuerdo la desesperación. Recuerdo que perdí poco a poco la fuerza y me hundí; cerré los ojos y me dejé caer en aquella obscuridad. Perdí la consciencia y ese debió ser mi fin; pero volví a abrir los ojos. Me encontré a mi mismo en una playa desierta. No se cómo terminé allí, pero ahí estaba, rodeado por todas las cosas que había quedado después del naufragio. Reuní poco a poco los restos de la nave en la que viajaba para hacer un recuento de los daños. Después de varias semanas, esto es todo lo que me quedó:
- El recuerdo que te compré en Xel-Ha hace un año.
- Tu cajetilla de cigarros y tu encendedor.
- Tus datos y el comprobante bancario.
- Mi copia del vale.
- La libreta y el lápiz de Stan.
- Los medicamentos que me recetaste.
- Las naranjas pasadas (la primera y la última), y la naranja que pensaba poner cuando volvieras.
- Las tazas y tu blusa de recuerdo del concierto de Bunbury.
- Mi cajetilla, los últimos 3 cigarros y mi encendedor.
- Una… em… toalla femenina? :/
- Los libros que leí durante.
- El chupón para el baby shower que se quedó cuando los desenredé.
Junté todo, cavé una tumba en la arena y allí los deposité. Ofrecí una larga plegaria; al terminar, me puse de pie frente a aquella tumba y dije en voz alta – “Aquí yace mi amor por ti… y aquí se queda…”
Al girar la vista hacia el mar, vi un barco acercándose lentamente a la orilla; estaba lleno de las personas que se preocupan por mi, quienes me decían – “Sube… ya todo está bien… volvamos a casa”. Subí al barco, me senté y, mientras el barco navegaba rumbo al atardecer, cerré los ojos y caí en un profundo y tranquilo sueño; caí rendido, como si no hubiera dormido durante semanas.
Al abrir los ojos, me encontré en mi propia cama. Inmediatamente intenté hacer memoria de lo sucedido, que me parecía muy lejano ya, como si de un sueño se hubiese tratado. Me sentí como un idiota y no pude evitar reírme de mi mismo pues, por un instante, durante un sueño, se me olvidó que yo ni creo en eso del amor y el corazón. Salí de mi cama, me miré al espejo y apenas logré reconocerme. Me di un baño, tomé lo primero que pude, me vestí y, lentamente, volví a salir al mundo. Después de haber vivido durante varios meses en aquel mundo de sueños y pesadillas, regresar a la realidad me parece muy difícil. Apenas recuerdo como era mi vida. Salgo de nuevo al mundo, para encontrarme de nuevo a mi mismo. Salgo de nuevo, para volver a comenzar justo donde me quedé…


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