Me senté en la playa como quien se sienta a charlar con un viejo amigo para ponerse al día y desearse suerte en el futuro y, ¿por qué no?, recordar un poco el pasado... Fue en una época diferente, en una playa diferente, pero era el mismo mar, ese inmenso, viejo e inmutable mar que fue testigo aquel día de ese último intento que hicimos por recuperarnos y de aquel dolor que terminó por alejarnos para siempre...
Aquel dolor…
Publicado por
Omar
on martes, 12 de febrero de 2008
Etiquetas:
Catarsis
Siempre he pensado que las cosas, por muy animadas o inanimadas que sean, tienen un alma y que son capaces de observar los sucesos, quizá no razonen, quizá no sientan, pero son silentes testigos de los sucesos... Hace unos días me reencontré con el único testigo de aquel día en que "aquella que no debe ser nombrada" me dejó una marca que cambio nuestro camino para siempre... Fue durante la última época de caos, aquella época llena de agridulces donde se podía pasar de víctima a victimario, del cariño al desprecio en solo un parpadeo... Ese día podía sentir esa tensión en el aire, esa maldita sensación en la boca del estómago que te hace sentir que algo grande va a pasar... Durante horas estuvimos midiendo el terreno, planeando nuestros pasos, analizando las posibilidades... Me separé un poco del grupo para poder pensar y el mar siempre me ha ayudado a calmarme con su vaivén, que me parecía muy similar a la situación que vivía (ese ir y venir entre lo bueno y lo malo), y ya había tomado una decisión, la más obvia aunque quizá no era la mejor: dejar todo por la paz... dejar las peleas, dejar las discusiones, dejar de dañar y de recibir daño porque finalmente de eso se trata eso del cariño, ¿no?, buscar la felicidad de la otra persona aún a pesar de la propia... Y entonces sucedió, ella dio el primer paso, un paso tímido y casi casual, hundió sus pies en la arena junto a los míos y justo antes de que pudiera anunciar mi decisión ella dijo las palabras adecuadas y calmó al mar... Me dejó sin palabras y entonces hizo la última de sus promesas, una promesa que terminó por romper, la promesa que terminó de romperlo todo entre nosotros... Antes del final le pregunté "¿por qué no me dejaste solo ese día en la playa?, ¿por qué tuviste que ir por mí?, ¿por qué tuviste que prometer algo que no ibas a cumplir?, ¿por qué?"... Su respuesta, bueno, su respuesta no importa pues fingir demencia no es una respuesta...
Me senté en la playa como quien se sienta a charlar con un viejo amigo para ponerse al día y desearse suerte en el futuro y, ¿por qué no?, recordar un poco el pasado... Fue en una época diferente, en una playa diferente, pero era el mismo mar, ese inmenso, viejo e inmutable mar que fue testigo aquel día de ese último intento que hicimos por recuperarnos y de aquel dolor que terminó por alejarnos para siempre...
Me senté en la playa como quien se sienta a charlar con un viejo amigo para ponerse al día y desearse suerte en el futuro y, ¿por qué no?, recordar un poco el pasado... Fue en una época diferente, en una playa diferente, pero era el mismo mar, ese inmenso, viejo e inmutable mar que fue testigo aquel día de ese último intento que hicimos por recuperarnos y de aquel dolor que terminó por alejarnos para siempre...


No hay comentarios:
Publicar un comentario