No más corazones… No más héroes…

La vida ha intentado enseñarme una lección durante años, una que jamás quise escuchar… que jamás quise creer… una lección que ya no tengo fuerza para seguir evitando… Yo no debo poner el corazón de por medio… JAMÁS… Porque mi amor corroe… porque aleja a las personas que amo… porque ello nunca trae nada bueno… para nadie…
Mis relaciones sentimentales nunca han sido buenas debido a esto… encabezadas por la tríada…
La sirena de la nieve parecía una persona igual a mí, solitaria y decepcionada, pero con la esperanza suficiente como para volver a intentar… Ella me enseñó que la apariencia pesa mucho, aún con las personas que menos lo esperas… que las parejas solo deben ser para presumir…
El ángel estuvo la mitad de mi vida conmigo, y por tanto se apropió de la mitad de mi corazón… parecía perfecta, salvo por el detalle de la distancia… hasta que un día me demostró que el “qué dirán” y la pena, son más fuertes que el corazón… que siempre hay uno que hace más y recibe menos… que el amor no supera las distancias…
El demonio fue como una tormenta, poderosa, implacable, algo de lo que crees que nunca saldrás vivo… algo que te obliga a ponerte de rodillas… Ella me enseñó que cualquier esfuerzo, por muy grande que sea, es fútil… que la gente es egoísta cuando se trata del amor… que el amor no supera ninguna barrera, si no es un sentimiento mutuo… que el amor no mueve montañas, que no derriba las barreras… que “amor” es una palabra que solo las personas que están ya dentro de una relación pueden usar entre si… que “amor” es una palabra que inventó la gente para no tener que decir “costumbre”… 
Y estando a punto de darme por vencido… cuando ya no quería saber nada de sentimientos, ni de amores, ni de nada de eso… apareciste tú, Muñeca… por una de esas serendípias que tiene la vida, nos hicimos amigos, y siempre reíamos… te preocupabas por mí… me animabas… un día hasta me criticaste por usar una armadura, por no mostrar mis verdaderos sentimientos, dijiste que si no sabía poner mi corazón de por medio, me quedaría realmente sólo… conforme pasó el tiempo me fui encariñando más y más contigo, sin prestar atención… sin darme cuenta de lo que estaba pasando… te fuiste metiendo de a poco, sin decir mucho… hasta que me fijé en ti… y, digno de mí, volví a hacer esa serie de cosas incomprensibles que hago siempre que me intereso por alguna mujer… dudaste de mí y de mis sentimientos… hablaste del destino… a punto estuve de cerrarme, cuando dijiste que, si algo habría de pasar entre nosotros, debíamos ser solo tú y yo… solo nosotros… me sorprendió la forma en que estaba pasando todo, pero sonreí y acepté… comenzamos “casualmente” (tan casual como se puede después de todo lo que ya había ocurrido), incluso a escondidas, y fue como nunca antes había sido… sencillo, pero completo… pasaron los meses y más y más te fuiste adueñando de mí… me despojaste de mi armadura, ya no me quedó ninguna… todo lo que soy, todo lo que quedaba de mí, fui tuyo… incluso en mis sueños te fuiste metiendo, te fuiste adueñando de ellos, incluso de aquellos que incluían a alguno de mis fantasmas… ya fuera con tu rostro o con tu nombre, siempre lograste ahuyentar de mí la idea de “las demás”… no todo era perfecto o ideal, y ahí se encontraba la perfección… finalmente había encontrado lo que siempre busqué, una relación de verdad, una relación terrenal, sin tonos épicos, sin palabras rimbombantes, donde era querido por ser yo, una relación donde podía ser yo mismo sin miedo… tenía una novia a quien podía ver cualquier día de la semana, a quien mis manos podían alcanzar en cualquier momento… todo era bueno… yo era feliz… y todo comenzó a complicarse, cada vez tuvimos menos tiempo juntos… hasta que un día de agosto decidiste marcharte… y hoy, un día de diciembre, después de meses de soñarte y extrañarte, ya no tengo ni la fuerza ni el espíritu para seguirte extrañando así, cuando se nota que te incomoda… Tú me has enseñado que no importa el cariño, si no hay disposición… que lo que un día es verdad, al siguiente puede dejar de serlo… que soy incapaz de producir en nadie el deseo necesario para que permanezca conmigo… que no importa la clase de “virtudes” que posea o que aspire a poseer como pareja, que no importa que alcance el estatus de “novio perfecto” a los ojos de nadie, porque no sirve de nada… que no importa lo bien que vayan las cosas, si se pone el corazón de por medio, todo se echará a perder… quizá se deba a que llevo veneno en las venas, y poniendo el corazón de por medio solo enveneno a la otra persona… quizá tú tenías razón y sí existe el destino, y el mío sea estar sólo… Porque, quién querría un corazón como el mío? ¿No? Uno del que solo queda la mitad, una mitad golpeada, raspada, marcada y remendada… Contigo confirmé que “te quiero” es la forma en la que toda mujer que ha llegado a importarme se despide de mí…
Adiós entonces Muñequita… Espero haber estado al nivel de lo que esperabas de mí, porque tu fuiste todo lo que yo esperé… y, me resta decirte dos cosas… la primera, parafraseando a una de las personas más sabias que conozco, “Que no te quepa duda, claro que volvería a hacerlo, volvería a estar contigo, hasta la locura…”, y la segunda… sí… sí me enamoré de ti… por todo… tu recuerdo… tu fantasma es el que más me conmoverá por el resto de mis días, por sobre cualquiera de la triada, por sobre cualquiera otra… porque detrás de ti se cerrará el telón… porque fuiste a la que más quise…

Nuevamente me he puesto mi armadura… me arrancaré el corazón del pecho y lo guardaré bajo llave… de esa forma nunca más estará de por medio… de esa forma nunca jamás volveré a estar así de triste…

Ha caído el telón final de este teatro… A partir de ahora ya no habrá más historias épicas… no más corazones… no más héroes

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