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Pero es muy gracioso como no puedo hilar las ideas, formar oraciones y plasmarlas tan fácilmente cuando se trata de ella... puedo sentir como se agolpan en mi cabeza los recuerdos e ideas de todos estos años, desde mi inocente adolescencia hasta mi áspera juventud, de cada año que pasé admirándola en silencio, de cada año que pasé arrepintiéndome por haberla dejado ir sin decir ni una palabra, del año en que finalmente apreté los dientes y me atreví a insinuar mis sentimientos, de esos meses felices cuando pareció que nuestros caminos se unirían, de aquel triste invierno cuando se fue y no la detuve para decirle lo que sentía, de esos años que viví esperando que las historias románticas del cine tuvieran un gramo de realidad en ellas y que el corazón pudiera sobrepasar la distancia, de ese año, de aquel invierno sin neblina cuando sentí que debía darme por vencido y de ese 19 de Diciembre en que ella regresó para llevarse la mitad de mi bomba de sangre, de los años de ir y venir, de querernos y no estar, de anhelarnos y esperar, de reencontrarnos y querernos una vez más... Tantas ideas, y a veces no puedo decir nada...
Muchas veces me descubrí a mí mismo sonriendo tan solo con imaginar como podría ser la siguiente ocasión, al imaginar como podrían ser el futuro próximo y el futuro lejano, y aunque era algo que no debía hacer, aunque debía tener los ojos en el presente, aún tenía en mí esa inocencia que me seducía para mirar hacia el frente y tratar de imaginar lo que habría delante... Y es muy gracioso que, aunque tenía planeado con anticipación lo que diría (y en general, cada reunión), nunca logré decir mucho, ni que se llevara a cabo ninguna de las románticas ideas que se me ocurrieron, siempre debí esperar mi turno y, aunque lo hacía con una sonrisa, la espera terminaba por dejarnos sin tiempo y debía resignarme a solo estar... Tenía planeado cada día, cada hora, cada minuto, cada comentario, cada mirada, cada caricia, cada sonrisa... y al final solo podía estar...
A pesar de todo esto, no fui capaz de hilar las ideas, formar oraciones y decírselas de la forma que quise que las escuchara... decirle cuanto la extrañé, que me fascinó cada nueva faceta suya que conocí en cada visita, que no quería compartirla con nadie, ni su familia ni sus amigos, que la quería solo para mí, que quería llevarla a una de mis caminatas fotográficas, que quería acurrucarme con ella para ver una película y comer palomitas de maíz, que quería llevarla a una cena romántica con dos copas de vino a la luz de una vela, que quería recostarme a su lado en el pasto, sentir su aroma, tomar su mano y quedarme ahí para siempre... que la quise... que la quiero... que la quiero mucho... Pero su familia y amigos fueron tanto o más importantes para ella que yo, así de debí tener paciencia, sonreír y esperar que la noche nos durase suficiente... que la visita nos durase suficiente... y si no, esperar la siguiente oportunidad, esperar en ese limbo de ambigüedades, de querernos y no poder estar juntos, de ser todo y no ser nada a la vez, de ser amigos en público y ser más cuando estábamos solos...
A pesar de todo esto, no soy capaz de hilar las ideas, formar oraciones y describir como la veo y como me sentía al estar con ella, al menos no de la forma que yo deseaba hacerlo... con el detalle necesario para describir su mirada, su aroma, su sonrisa (y los hoyuelos en sus mejillas que me vuelven loco), la mueca que hace cuando se molesta con su hermana, lo contagioso de su risa, la suavidad de su piel, lo cálido de su abrazo, lo dulce de sus besos y el bien que me hacía estar con ella... Pero es muy gracioso como, a pesar de no poder hilar las ideas, soy capaz de escribir todo lo que ya escribí acerca de ella, y sin embargo, me faltan palabras para describirla como quiero... como ella se merece...
La única idea que me cruza la mente, la única oración que logro formar, es una despedida... Ha llegado el día en que romperé mi promesa... la promesa que le hice a mi ángel... Finalmente me he quedado sin fuerza y ya no puedo seguir esperando, ya no puedo seguir poniendo en pausa mi propia vida y ya no puedo pedirle que pause la suya por mí, ya no puedo... Debo continuar mi camino y debo pedirle que continúe el suyo, pues ambos debemos vivir una vida sana, como la de nuestros amigos, como la del resto del mundo, una vida normal, con relaciones normales... Ya no podemos seguir luchando contra la distancia, esta distancia que nos impidió lograr más, lograr lo que pudimos haber logrado, esta infinita distancia que está más allá de nosotros... Finalmente ha llegado la hora de decir adiós... No... no es un adiós... es un hasta siempre... es un hasta la próxima...
Quizá algún día lograré hilar las ideas, formar oraciones y decírselas de la forma que quiero... quizá la próxima vez... quizá... quizá en la próxima vida, cuando ambos seamos lobos...


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