Crónica de la lluvia

Un buen día comenzó a llover, justo en el momento en que pasó el tan anhelado encuentro, como si de llanto se tratara, como si por empatía el cielo externara lo que yo sentía en el pecho... llovió por horas con una intensidad que no se había visto en algún tiempo en esta ciudad... llovió por varios días, como conmemorando la feliz reunión, como desahogándose de la misma forma en que lo hacia yo... cada día que pasábamos juntos, llovía, y yo veía más de esta nueva faceta que conocí de ella, de esta faceta que me fascinó aún más... y un buen día salió el sol, y esos dos días fueron los más felices, los días en que más próximos parecíamos... una cena un sábado, una fiesta un domingo, y con las estrellas para cumplir mi promesa, todo indicaba que las cosas seguirían mejorando y que podría llevarla a los lugares en donde siempre nos imaginé y crear los recuerdos que siempre añoré... aunque no fue así... a partir de ahí vino una debacle que traté de sobrepasar, y el resultado no fue el que yo ansiaba... ya no más escapadas románticas, no hubo suficiente tiempo a solas y una palabra que yo no espere (y mucho menos deseé) escuchar de su boca: Amigo... Esa palabra que condena al limbo y al olvido, esa palabra que no es sino la marca que se pone a un condenado a muerte... una condena de querer y no tener... Los desvelos eran cada vez más difíciles de sobrellevar, pero con gusto me esforcé... La ansiedad era cada vez más punzante, pero con gustó me la tragué... El tiempo era cada vez menos, pero con gusto hice mis planes a un lado y disfruté de cada segundo restante... Las intervenciones de su familia y amigos hacían cada vez más difícil encontrar un momento a solas, lo suficiente como para darle el mensaje con el que deseaba despedirme: "No importa la distancia... no importa el tiempo... una promesa es una promesa... aquí estaré... aquí estaré esperando por la próxima vez...", y sellar mi promesa con un último beso de azúcar incandescente... Pero, por la felicidad que se le dibujaba en el rostro, no tuve el corazón para apartarla de sus seres queridos por un egoísta e impulsivo deseo mío... solo pude contemplar esos ojos, tomar su mano y ver ese hermoso gesto que hace cuando sonríe por la pena de ser observada fijamente, mientras esperábamos la hora de decir "hasta pronto"... y cuando llego el momento no tuvimos tiempo ni de eso... fue una despedida fugaz, como lo haría quien no quiere hacerlo... un "gracias" y un "nos vemos" fue lo que dijo durante nuestro abrazo, me soltó, se alejó y pensé que eso sería todo... y, en un movimiento digno de ella, regresó por un último beso, un pequeño pero íntimo beso capaz de dejarme ansiando la evasiva e hipotética próxima vez...
Un buen día volvió a llover, justo en el momento en que pasó la tan odiada despedida, como si de llanto se tratara, como si por empatía el cielo externara lo que yo sentía en el pecho... y llueve cada vez que recuerdo... cada vez que trato de imaginar como será la próxima vez que nuestros ojos se crucen…

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La próxima vez... donde quizá seré capaz de fascinarla a ella, de la misma forma que ella logró fascinarme a mí...

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